El compañero y colaborador de Línea 6, Keko Ruiz, nos remite un interesante artículo en el que pone en evidencia, como otras veces, la gestión del presidente Vizcaíno

y del vicepresidente Contreras, además de la de otros cargos del Cádiz CF.

La estrategia del sevillano, cimentada  en la prepotencia, las frases vacías y un proyecto absurdo, comienza a tambalearse

“Su prepotencia le lleva a pensar que aquí hay más tontos que en Sevilla”

“Su complejo de superioridad le sitúa en una realidad paralela de la que también participa el reducido grupo de afines a la presidencia”

“Pepe Barroso, con ‘Sportech City’, les ha quitado definitivamente, las caretas”

“La falsa cercanía que dedica a los periodistas desaparece cuando éstos le incomodan con alguna pregunta”

“El alcalde, que presencia los partidos en el palco flanqueado por Vizcaíno y Contreras, debería protegerse con una coraza”

“Su nulo arraigo por Cádiz lo demuestra en el incesante goteo de gaditanos que han salido del club mientras los ‘enchufados’ siguen entrando”

 

Paul Stanley: “La fama no te

cambia, simplemente te permite

ser el capullo que siempre has sido

 

Nadie duda que Manuel Vizcaíno Fernández es un personaje famoso en Cádiz. Pocos son los llamados a ser presidente del club de fútbol que representa a esta ciudad y su mandato, siendo además socio del Sevilla FC, es un hecho insólito. Así que el sevillano se ha ganado a pulso la fama que le precede y que le ha abierto numerosas puertas en la capital.

Hace unos años, con motivo del último ascenso a Primera, me tomé la licencia, desde estas mismas páginas, de recomendarle que sería un buen momento para rodearse de buenas compañías que le ayudasen a mantener los pies en el suelo, en plena euforia colectiva, antes que llegasen las vacas flacas, que llegarían.

Pasados unos años, mientras su figura ha ascendido meteóricamente hasta instalarse en la estratosfera, su estancia en el sillón presidencial ha venido salpicada por una retahíla de salidas de tono y de meteduras de pata que han sido el detonante del desmoronamiento de una estructura cimentada en la prepotencia, las frases vacías y un faraónico y absurdo proyecto con la estrambótica denominación ‘Sportech City’.

El sevillano ha llegado a patentar mensajes que han pasado de ser vitamina para el optimismo a chascarrillos que animan los debates en la barra de un bar. Palabrería que roza el más espantoso de los ridículos y que sólo tiene sentido si se destina a un público al que se toma por bobo: “Somos sin duda el mejor equipo del mundo”. “Este año tenemos un plantillón”. “Estamos haciendo la mejor temporada desde que regresamos a Primera”. “Podemos ganar la Copa del Rey”

Semejantes memeces retratan a su ideólogo. Alguien aquejado de tal ataque de prepotencia que llega a pensar que aquí hay más tontos que en Sevilla. Un complejo de superioridad que le sitúa en una realidad paralela de la que también es partícipe ese reducido grupo de afines a la presidencia. Personajes con unas nóminas que quitan el hipo y con un denominador común, un pasado poco brillante desde el que no dudaron en acudir salivando a la llamada del sevillano.

Me detengo en tres de estos palmeros mudos cuando Vizcaíno da un puñetazo en la mesa. El vicepresidente, alguien del que nadie nunca me ha hablado bien y que posee un currículum con algún que otro vistoso gazapo empresarial, pero alimentado de subvenciones oficiales. Rafael Contreras también nos ha dejado, en sus chirriantes apariciones públicas, algunas perlas que provocan vergüenza ajena: “El crecimiento del club como empresa es más importante que el deportivo”.

El siguiente en el escalafón piramidal es Pepe Mata. El adjunto a la presidencia es otro ‘bien pagao’ del que siempre he admirado su innata capacidad para perpetuarse en el Cádiz CF. Pasan los presidentes, cesan a los técnicos, los jugadores cuelgan las botas, pero el otrora cantautor para minorías ahí sigue perenne, parasitando en los pasillos del poder hasta el infinito y más allá.

El tercero en discordia es el jefe de comunicación del club. El que fuera director del diario decano de Cádiz no dudó en traicionar, que sepamos, a algunos de sus compañeros y premiar a otro, tras una barbacoa, antes de protagonizar un llamativo traspaso del mundo del periodismo al del fútbol. Rafael Navas tiene ahora un empleo -dicen- mejor remunerado aunque para ello haya tenido que traicionar algunos de los dogmas que tan a gala lleva la Asociación de la Prensa.

Los grandes culpables de que el ego de Vizcaíno sea del tamaño de Godzilla están en las instituciones, organismos, entidades y asociaciones gaditanas que tanta pleitesía le han rendido por esa querencia de los que ostentan algún cargo a estrechar manos y a posar para la foto. Así, pretende utilizar la ‘Asociación Reyes Magos’ a su antojo y aún colea, en Medina Sidonia, su negativa a acudir a un homenaje que le iba a tributar la ‘Peña Irigoyen’, si también asistía Carlos Medina. Un acto que, de momento, se ha aplazado.

El mejor ejemplo de su soberbia ha sido el revuelo montado en torno a ‘Sportech City’, cuyo tufo ha aireado, con luz y taquígrafos, José Antonio Barroso en la magnífica entrevista concedida al periodista Carlos Medina y publicada en dos partes. Un capricho mesiánico que ha servido para que al presidente y al vicepresidente del Cádiz CF les hayan quitado definitivamente sus caretas.

Otro que ha salido trasquilado de este turbio asunto producto de mentes calenturientas es Javier Sánchez Rojas. El presidente de los empresarios gaditanos, ¡Qué Dios los coja confesados!, muestra preocupantes síntomas de haber sido también abducido (¿económicamente?) por Vizcaíno y Contreras.

Un escenario donde el sevillano da rienda suelta a su prepotencia es en el trato a las autoridades. A José María González ‘Kichi’ lo tildó de “hermano” y aún está por determinar qué parentesco familiar le saca a Bruno García. El actual alcalde, que debe presenciar los partidos en el palco flanqueado por el presidente y el vicepresidente, haría bien en protegerse de ambos con una coraza.

“El mérito, de lograrse la permanencia, será de jugadores, técnicos y afición”

En sus contadas apariciones ante la prensa deportiva, Vizcaíno acude con un discurso estudiado al dedillo, haciendo uso del compadreo (“Estás más delgado”) para mostrar una falsa cercanía con el interlocutor que desaparece en cuanto algún periodista (llámense Alfonso Carbonell, Rubén López o Javi Lacave) le incomoda con alguna de sus preguntas. Obviamente, a Carlos Medina, director de Línea 6, el sevillano lo ha vetado directamente para evitar sus preguntas…

Sí me sorprende lo fácil que los profesionales de la información se lo están poniendo. Apenas hay crítica; no se investiga ni se denuncia. Todo se limita a una tediosa actualidad deportiva; a un cortapega de las notas oficiales que remite el club y a las cansinas tertulias radiofónicas en las que un grupo de estómagos agradecidos lanza absurdas proclamas al son del cuchareo de fondo.

De los incontables despropósitos del sevillano se lleva la palma que haya venido a Cádiz a poner en tela de juicio la libertad de expresión y, por ende, la de prensa. Sus maneras dictatoriales, al pretender impedir el reparto de esta revista y a que el aficionado pueda acceder a su localidad con un ejemplar.

El uso de su poder e influencia para intentar cerrar el grifo publicitario a Línea 6 Eme aunque hayan sido sólo dos las empresas que le hicieran caso.

O que se empeñe en borrar del mapa gaditano a los dos editores de ¡Ese Cádiz…Oé!, censurando su presencia (lo ya comentado de la ‘Peña Irigoyen’) en algunos actos. Argucias inéditas en la historia del club y que acabarán costándole muy caro.

“Camisetas con diseños bochornosos, guiños ridículos al feminismo, un absurdo homenaje a los periodistas más complacientes…”

Como respuesta a todo esto, y hasta la fecha, las dos asociaciones de prensa han escurrido el bulto.

Pero Vizcaíno trata de lavar su imagen ante los que todavía le siguen la corriente con campañas que muestran su particular concepto de lo que debe ser un club moderno. Camisetas con diseños bochornosos, guiños ridículos al feminismo, breve reactivación de históricas figuras cadistas y un absurdo homenaje a los periodistas más complacientes con su gestión.

Episodios en los que no hay un solo atisbo de lo que realmente demanda la afición: más fichajes de calidad contrastada y triunfos que garanticen otra permanencia. Más alegrías y menos milongas.

Lo cierto es que, caso de lograrse otra permanencia, el mérito sólo debería corresponder al cuerpo técnico; a los jugadores, que lo están dejando todo sobre el campo, y a la afición, por su incondicional apoyo antes, durante y después de los partidos. De todas formas, apuesten a que, llegado el momento de las celebraciones, ya se encargaría Vizcaíno de apuntarse el tanto.

Este continuo desencuentro con el aficionado de a pie ya le está pasando factura al sevillano; al igual que el nulo arraigo que ha demostrado por esta tierra. Algo palpable en el incesante goteo de gaditanos que han salido de los distintos estamentos del club y de los ‘enchufados’ que han ido entrando.

Aunque su definitivo batacazo se producirá por su empecinamiento (y el de Contreras) en revertir un axioma irrefutable en el fútbol: el éxito de un club y el de su presidente pasan porque la pelota entre muy a menudo en la portería contraria. No se ha inventado hasta la fecha un modo mejor de acallar la crítica y no será Vizcaíno, ni mucho menos, quien lo patente.