
Más que valorar su deficiente gestión, Vizcaíno da muestras, a diario, de no estar capacitado para ocupar un cargo que le viene muy grande
Manuel Vizcaíno Fernández, presidente del Cádiz CF SAD, para desdicha de esta ciudad y del cadismo, es un chollo, si lo que se pretende es poner algo de pimienta en la información deportiva y no limitarse a valorar lo ocurrido sobre el terreno, que ha sido más bien poco y aburrido. No hay semana en la que sus actos, gestos o declaraciones hayan servido de argumento para corroborar que el club está padeciendo al que puede haber sido el peor presidente de su historia.
Y es que el historial cadista de Vizcaíno ha acabado saneando la imagen de otros que le precedieron en el cargo. Sirva de ejemplo la negra etapa de Muñoz Vera frente a ésta del sevillano. La del cordobés estuvo salpicada de más sombras que luces, pero sus errores se han ido difuminando con la aparición en escena del socio sevillista.
El todavía presidente ha transformado el club en su cortijo, ejerciendo de señorito, capataz o de lo que haga falta y para ello cuenta con un pequeño, pero selecto grupo de subalternos: Rafael Contreras, Pepe Mata y Rafael Navas, a los que se han ido sumando Juan Cala, Martín José García Marichal, Enrique Ortiz… Todos ellos gozan de unos cargos y unos sueldos desorbitados para su demostrada incapacidad profesional y su ínfima aportación al prestigio del Cádiz CF.
Aunque sólo Contreras tiene encontronazos con el sevillano y, a veces, le contradice en sus decisiones. En el club comentan que hay parcelas en las que, incluso, manda más: el palco presidencial, ‘El Rosal’…
Gente que tiene claro que debe estar a la sombra presidencial porque uno de los rasgos más característicos de Vizcaíno son sus habituales ataques de celos que asumen, ejerciendo sin rechistar de actores secundarios. En la forma de gestionar su finca gaditana, al sevillano no se le escapa ni el más mínimo detalle aunque sus frecuentes chapuzas las camufle con florituras de un contenido absurdo: campañas de marketing que provocan vergüenza ajena (‘Somos sin duda el mejor equipo del mundo’) y devaneos con la Inteligencia Artificial, la debilidad del vicepresidente Contreras y uno de los argumentos más utilizados para mofarse de él en las redes sociales.
Tampoco faltan las jornadas y conferencias a las que se invita a personalidades con cierto tirón; convocatorias que suelen importarle un pimiento al aficionado. Sin olvidar los homenajes, placas y abrazos a los que aplauden su labor; el bochornoso auto homenaje, con retrato incluido, para celebrar sus 10 años como presidente, y sus ridículas giras triunfalistas por aquellos medios de comunicación (la mayoría) poco dados a ponerle la cara colorada con tal de tenerle ante el micrófono.
Un interminable catálogo de ideas estrafalarias con las que el club presume de moderno y hasta hace caja, vender trozos del césped a 60 euros. Una estrategia planificada milimétricamente para desviar la atención de su mala gestión y del pésimo funcionamiento de la parcela deportiva que también controla y por la que cobra la friolera de 600.000 euros.
Rutas alternativas frente a las importantes; esas de las que no ha podido disfrutar el cadismo: una Liga en la que hubiera aspirado, al menos, al play off de ascenso y una decidida apuesta por la cantera.
Esta última, bajo la responsabilidad de Contreras, hace tiempo que atraviesa una etapa plagada de nefastas decisiones y que ha culminado esta temporada con el descenso de hasta cuatro equipos. Entre ellos la perla de la cantera que, en otro de esos detalles absurdos marca de la casa, ha cambiado su denominación de Cádiz B por la de Cádiz Mirandilla.
Políticos, empresarios, periodistas y representantes de las entidades más variopintas también acuden seducidos a retratarse con el poder que ejerce Vizcaíno aunque éste se alimente de mentiras que ya no engañan a una gran mayoría del cadismo. Ante este insulso pelotón que le hace la ola, el presidente se eleva y vuela alto y lejos de lo que realmente se cuece en Segunda.
El sevillano habita en una realidad paralela donde le importa más el dinero que los éxitos deportivos. Si el aficionado está de mal humor, él asume la responsabilidad de cara a la galería. Si los enemigos le atizan una y otra vez, los cataloga (Quique Pina) de delincuentes confesos. Si le coge el día tonto, la diversión está garantizada. Como cuando sueña en voz alta con ganar la Copa del Rey o afirma que el equipo -estando en Primera, en puestos de descenso- está ofreciendo su mejor imagen en la máxima categoría.
Cualquier intento de cuestionarle es respondido con prácticas despreciables, como ordenar al encargado de la seguridad del Estadio, Luis de las Damas, que ejerza de fotógrafo chapucero del régimen y retrate a todos los que muestran su disconformidad dirigiendo su ira al palco, donde Vizcaíno y Contreras, con cara de no haber roto un plato, no saben dónde esconderse.
En el léxico del sevillano hay ciertos nombres impronunciables. Esos que le han plantado cara, que provocan su malestar y que figuran en su lista negra: Quique Pina, Pepe Barroso, Pedro Morata, ‘Alma Cadista’, ‘Brigadas Amarillas’ y Carlos Medina, entre otros son su pesadilla diaria. El director de esta revista saca lo peor de Vizcaíno en ¡Ese Cádiz…Oé!, una revista que el sevillano sueña con borrar del mapa, llamando a sus clientes para que quiten la publicidad.
Sólo tres, al parecer, le han hecho caso: ‘Petaca Chico’; ‘Súper Paco’ y sus hijos, con el ‘Timón de Roche’, y ‘Cumbres Mayores’ (Isidoro Cárdeno).
El presidente del Cádiz, en su afán por disfrazarse de gaditano, ha cargado en Semana Santa, hizo sus pinitos en un coro de Carnaval y fue nombrado Rey Gaspar. Esta incursión en el Cortejo Real contó con el beneplácito de una Asociación que desarrolla una gran labor social, pero donde las puñaladas traperas están a la orden del día.
En la Asociación Reyes Magos se empadronan empresarios que, con tal de abrazar a Vizcaíno, frecuentan esas cloacas donde la envidia y la prepotencia campan a sus anchas. Un caldo de cultivo en el que el sevillano se siente tan a gusto que incluso se permitió el lujo de exigirle a esta Asociación ‘la cabeza’ de Carlos Medina; algo que no logró.
Y es que el sevillano, ni corto ni perezoso, pone como condición a su presencia en actos de relevancia la ausencia del director de Línea 6. Hasta tal punto que ha protagonizado bochornosas espantadas públicas. al coincidir con el periodista, dejando en evidencia, una vez más, al club que representa. Llegados a este punto, llama poderosamente la atención la nula respuesta de las dos Asociaciones de la Prensa, ante semejantes desplantes más propios de infames tiempos pasados.
El poder quema y pasa factura a sus protagonistas. A sus primeros síntomas de alopecia, en Vizcaíno se añaden ciertas carencias auditivas y de visión. Eso o que miente más que habla porque decir que los que meten la pata en las gradas son cuatro, que los que le silban son los menos y que la manifestaciones previas a algunos partidos son pobres en asistencia es faltar a la verdad o que le urge pedir una cita con su médico de cabecera.
Sus contadas apariciones en la televisión local vienen acompañadas de perlas sin desperdicio. Desde afirmar que los cadistas más jóvenes sobran porque crean un mal ambiente en el Estadio, a darle un tirón de orejas a los periodistas por no defenderle de los insultos que recibe en el palco.
La culpa de semejante descaro hay que achacársela a ese sucedáneo de periodismo que campa en la mayoría de las redacciones deportivas y que se caracteriza por la total ausencia de reflexión, debate y opinión que se salga de lo estricta y aburridamente deportivo. No hay mucho interés por parte del redactor ni de los que deben controlar su labor por airear los trapos sucios de Vizcaíno. Una distorsión de la realidad que asumen y propagan todos los que posan junto al presidente mientras esbozan una sonrisa o le estrechan la mano. Es como si ser presidente del Cádiz le eximiera de meter la pata y menospreciar al club, a la ciudad y a la masa social que representa.
Este es el panorama en el que afloran esos personajes que mancillan el nombre del club porque, a tenor de los que hacen cola para mostrarle pleitesía, podría deducirse que Vizcaíno es el presidente que nos merecemos. Así parecen pensar en la Federación de Peñas Cadistas y en algunas de estas corporaciones cuando Vizcaíno, Contreras o Mata son recibidos con vergonzosos brindis al sol. Y eso que las gradas del Estadio, el termómetro que mide el grado de estima que siente una inmensa mayoría del cadismo por ellos, hace tiempo que dictaron sentencia.
Ante semejante situación, Vizcaíno acumula los suficientes votos para ser un claro aspirante a peor presidente de la historia del Cádiz CF. Su lamentable gestión incluso pone en duda su capacidad para ejercer un cargo de semejante responsabilidad y relevancia en la sociedad gaditana. A poco que analicen con lupa sus actuaciones pasadas y presentes llegarán a la conclusión que dicho cometido le viene grande.
El sevillano ha ido borrando de su lado a cuantos le auparon al poder para diseñar un mandato que se sostiene a base de prepotencia y engaños. Una ristra de patrañas que, con el descenso a Segunda y unos ridículos proyectos faraónicos que provocan el hazme reír, han acabado con su ya limitada credibilidad.
Vizcaíno es un bluf; un personaje revestido de un prestigio sin fundamento; un lumbrera hueco; un elemento tóxico para el club y la ciudad; una de esas celebridades que la galopante decadencia del fútbol vomita para que la rueda de la mediocridad siga girando. Individuos ante los que, con la atmósfera de sumisión que constata a su alrededor, no tiene reparos en airear sus vergüenzas: “He venido al Cádiz a ganar mucho dinero”. Lo afirma con cara de nuevo rico y se queda tan fresco.
Pero muy pocos son los que se creen su discurso y sienten aprecio por él. Los que pululan alrededor de su sombra lo hacen simplemente por su interés personal y por su beneficio; por un rastrero afán de protagonismo que les sirve para hinchar sus estómagos y sus cuentas bancarias, pero que les desacredita profesional y personalmente.
Todos quedarán retratados cuando el sevillano sea historia, que lo será. Y entonces tendrán que rendir cuentas, dando explicaciones de su imperdonable comportamiento, o correrán a apuntarse al carro del dirigente que tenga la misión de restañar las graves heridas que dejará en este club y en esta ciudad quien -como ha quedado de manifiesto- reúne todas las papeletas para ser el peor presidente de la historia del Cádiz CF SAD, Manuel Vizcaíno Fernández.
Keko Ruiz
